La adoración y la oración son el centro de nuestras vidas, expresadas en la liturgia, los sacramentos, la oración y la música, y nos desafían a vivir según el llamado de la Palabra de Dios.
La educación permanente y la formación en la fe para cada persona profundizan nuestra comprensión de quiénes debemos ser y cómo debemos vivir.
Caridad, justicia y paz nos comprometen a valorar el valor y la dignidad de cada persona y a responder con compasión y generosidad a quienes lo necesitan.
Liderazgo pastoral representa, en palabra y acción, una fe que apoya, inspira, consuela y desafía a cada feligrés.
Comunidad y hospitalidad nos comprometen a ser acogedores y a aceptar la diversidad, caminando juntos en apoyo, aliento, amistad y compartiendo la fe con todas las personas.
Corresponsabilidad reconoce que todos nuestros dones provienen de Dios, lo que significa que compartimos nuestro tiempo, talento y riqueza con los demás.
La evangelización nos compromete a proclamar el Evangelio de Jesucristo a otros a través de la manera en que vivimos nuestras vidas, a través de los ministerios que brindamos e invitando a otros a caminar con nosotros en nuestro camino de fe.